La llegada a Lima de Enrique Iglesias (presidente
del “Banco Interamericano de Desarrollo” y otrora prestamista
y aval de la ralea Fujimorista) junto a cientos de empresarios venidos
de todo el mundo en el marco de la Asamblea de Gobernadores del
BID 2004 sirvió para poner en evidencia, una vez más,
el absoluto cinismo del Gobierno Peruano; mientras cientos de hambrientos
seguían al “Pachacútec” y su pomposa comitiva
a cuanto buffet se dirigían pidiendo a gritos la posibilidad
de ganarse unos soles con los que comprar comida y medicinas para
no morir de hambre y TBC (cerrándoles las calles o gaseandolas
allí donde amenazaban “estropear el paisaje”),
Su Canallesca Excelencia de US$ 15, 000 mensuales, con esa grotesca
mezcla de autosuficiencia yanqui y mesianismo ligh que tanta vergüenza
ajena produce en quien lo escucha, “lamentaba” ante
las bien abastecidas mesas de los mismos ricos de siempre que los
“éxitos macroeconómicos” (el pago puntual
de la “deuda externa”, las recientes concesiones y los
US$ 3, 900 millones de dólares con que nos ha endeudado su
gobierno hasta marzo 2004, en gran parte usados en pagos a asesores,
guarda espaldas, allegados y sobrinísimos)no se reflejaran
en “el bolsillo de los mas pobres” – o, lo que
es lo mismo, que los pobres no pudiesen masticar un bistec con papas
hecho con la carne que el rico les arranca –y estos no lo
aplaudieran, no obstante lo cual se comprometía a mantener
el “manejo responsable de la economía” aún
a riesgo de su “popularidad”.
Lo que el Felipillo de Stanford calló en todos los idiomas
es que, lejos de obedecer a un problema de “incomunicación
mediática” y “ baja popularidad”, la población
rechaza su gobierno porque cada dígito de lo que la jerga
neoliberal llama su “éxito macroeconómico”
significa en el mundo real varios miles de vidas condenadas a quedarse
sin empleo ni ingresos, y por lo tanto, a perecer en la miseria;
“menos chamba y mas muerte” (y pandillas , y drogadictos,
y TBC y caries). En efecto: aunque parezca paradójico, mientras
más se gasta en la “lucha contra la pobreza”
- triste paliativo de un saqueo a alto nivel (y no solo, como lloriquea
“Ollanta” defendiendo los intereses de la “etno-burguesia”
de Leche Gloria, Aerocontinente y Winters) – más pobres
somos, y ello no solo porque de los US$ 1000 millones destinados
al “gasto social” mas de la mitad se queda en los bolsillos
de la burocracia, sino también -y sobre todo- porque si el
BID y el señor Iglesias ( lo mismo que el FMI, Banco Mundial
y otros organismos “amigos del Perú”) le prestan
y prestan miles de dólares al Gobierno es con la única
intención de poder así exigirle privatizaciones y
terminar cobrándonos (esta vez sí a todos, vía
impuestos) interés de usura por sus “favores”.
Entendido esto, hablar de un “crecimiento económico
equitativo” no pasa de ser un recurso retórico para
auditorios cómplices del crimen “global”; lejos
de ser una enfermedad “milenaria e inevitable” (como
sostiene el conservadurismo neoliberal y la Iglesia Católica),
la pobreza resulta CONSECUENCIA NECESARIA del sistema capitalista.
Ante ello, decir que “la sociedad requiere del Estado para
cambiar al Estado” siendo éste uno de los principales
y escasos beneficiarios de tan genocida política económica
equivale a hacer guardar las ganancias del mes por el choro mas
conocido de Tacora o a pretender crear una “autentica democracia
etnonacionalista” con y por milicos psicológicamente
condicionados por la denigrante costumbre de obedecer a la corruptora
costumbre de mandar.
A más riqueza suya, más pobreza
nuestra: ¡Acción directa contra el Estado y el Capital!
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