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ÉRASE UNA VEZ EL ITF

Pese a que no suponía el cobro de más de del 0.15% del dinero movilizados a través de los bancos, la promulgación del impuesto a las transacciones financieras (ITF) a comienzos de año logró movilizar en su contra una verdadera “cruzada financiera” que en los meses siguientes dio muestras de una terquedad (otros dirían: “de una mezquindad”) digna de mejor causa. Integrada, en primer plano, por Leopoldo Scheelje y sus “caballeros” de la CONFIEP, otrora leales abastecedores de la Salita Montesinesca- entre los que destacaba a título de adjunto el economista Carlos Adrianzén, Defensor de las Peores Causas; estos, con no poca gracia, aducen razones “técnicas” y “constitucionales” (“nuestros patas van a desbancarizarse para no pagar impuestos”), buscando así poner de manifiesto su gran “solidaridad” y “conciencia cívica”, pese a que era secreto a voces el temor que sentían hacia la espantosa posibilidad de que, en caso cedían-como acabaron haciendo- a sus siervos se les metiera en la cabeza la “cochina idea” de redistribuir en alguna medida y con mayor justicia las riquezas por ellos declaradas (y ya bastante sujetas a múltiples exoneraciones tributarias “fomentadoras de la inversión” Jamás Habida). Junto a tan robustos carcamales cabalgaron también los hidalgos Garci-Apérez (a) “Loco Frontón” y Fernán-do-Olivera; otrora enemistados por la compartida pretensión de la dote de Miss Rojiblanca Gubernatura – pero unidos luego por la común voluntad de hacer méritos ante sus padrinos y mentores electorales-, ambos se mostraron feroces defensores de los predios de sus señores feudales ante el Físco del Rey Phelipillo, deseoso de legitimarse repartiendo migajas de lo que se banquetean sus cortesanos y en especial, Lady Eliane.

Finalmente –aunque no por ello menos feo- tuvimos cerca suyo al Niño Ramerito y sus Necesidades Macropolíticas, favorito trovador de sir Vladimiro del Callau, incomparable pisando la mercadería “pirata” de indefensos ambulantes, pero algo llorón y medio tarado (es el único que cree en el cuento de que sin la “desleal” competencia pirata, los empresarios nacionales darán mas trabajo).

Aunque algo apaciguada, esta historia continuará…hasta que llegue la Peste Negra.

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