Somos testigos que la nueva crisis que afrontan las superpotencias
mundiales tiene nefastas consecuencias a nivel planetario. Ellos,
los parásitos burgueses (amos y señores absolutos
del capital, de las tierras, del armamentismo y del conocimiento
de tecnologías de punta), generan, por su insaciable
apetito de lucro, "el apocalipsis económico",
como bien señalara Pierre-Joseph Proudhon en su magnifica
obra "Sistema de las contradicciones económicas
o filosofía de la miseria"; es decir, ellos obtienen
su riqueza en base a la inhumana explotación del hombre
por el hombre, gozan de privilegios y de la protección
de su Estado y cuando quiebran somos todos nosotros, los proletarios
de campos, talleres y fábricas, los que vía impuestos
y "ajustones de cinturón" finalmente los reflotamos.
Postulamos que esta crisis no es de carácter coyuntural,
como vocean gente como Nicolás Lúcar (trotskista
ex burro de carga de Hugo Blanco, bufón adulón
ayer y hoy del fujimorato), el virginal e inmaculado Rafael
Rey (miembro de la secta de los fascistas con sotana del Opus
Dei) y los plumíferos de La Razón (la razón
del capital del militarismo y del despotismo asiático,
basural donde conviven alegremente fujimoristas y etnocaceristas
por obra y gracia de su director honoris causa, el psicótico
agente de la CÍA y verdugo del pueblo peruano Vladimiro
Lenin Montesinos). El problema es estructural. Es la crisis
del Estado, de las empresas de propiedad privada y del predominio
aún hegemónico de un modo de producción
y distribución que prioriza el capital sobre el trabajo:
el maldito capitalismo.
Entonces el problema no se resuelve con la vacancia presidencial
del rastrero amigo y lacayo del alucinado G, Bush, el siempre
torpe Alejandro Toledo. Tampoco la solución pasa por
limitarse a cuestionar el modelo económico neoliberal
(como postulan los social-fascistas de Patria Roja y sus esperpentos
de M.N.I., Juventud Popular y J.C, y los socialistas domesticados
del PCP y su CGTP devenida en ratonera de los reformistas poltrones
de la Aristocracia Sindical Autoritaria). Enarbolar el obtuso
y tanático pensamiento-gonzalo, asi como desarrollar
guerra popular, que de popular solo tenia el cliché,
es una opción ideológica, política y militar
estéril que ya fue desechada por la misma práctica,
"criterio de verdad" del metafisico y claudicante
Abimael Guzmán Reynoso y sus socialfascistas de Sendero
Luminoso (tanto de la facción de "acuerdistas"
como de la de "proseguir" en el error, engaño
y crimen). A estos señorones y señoritos del "comunismo
marxista" les recordamos una gran verdad histórica:
"La emancipación de los trabajadores será
obra de los propios trabajadores".
El problema actual es que la humanidad se halla inmersa en
una crisis económica y de valores morales que se refleja
en el incremento de la corrupción tanto estatal como
privada. Prueba inobjetable de ello es la grave crisis universitaria
que afrontamos tanto en la UNT, UNÍ, UNM de San Marcos
y UNFV (esta última botín predilecto por más
de dos décadas de las huestes fascistas de Alan García
Pérez). Por si fuera poco, los universitarios de Tacna
y Puno también se organizan y luchan contra las lacras
de sus respectivas autoridades.
El correlato lógico del "apocalipsis económico"
(más conocido como "horror económico",
según Vivían Forester) es el incremento de los
índices de desnutrición y mortalidad infantil
y post-infantil, miseria ("pobreza extrema" se le
denomina desde la nefasta época del fujimorato), pauperización
de los rezagos de la llamada "clase media", ausentismo
o deserción escolar, contrarreforma universitaria (que
pisotea vilmente los derechos del movimiento estudiantil en
aras de un proyecto tecnocrático, elitista y privatizador),
violación sistemática de los derechos laborales,
rotundo desprecio por la defensa de los derechos humanos, desempleo,
salarios de hambre, recesión, prostitución carnal
y política, narcotráfico, etc.; es decir, más
hambre y miseria aseguradas para todos nosotros.
No es por ello para sorprenderse que la espiral de resistencia
sea cada vez más radical y abarque del campo a la ciudad
y que la ira del pueblo estalle rebasando cualquier consigna
partidaria. Hechos como Cotabambas, Huamanga, llave, Pucalá,
ahora Cajamarca -contra la privatización de! cerro Quilísh-
son prueba irrefutable de esto.
Sabemos que de persistir las actuales reglas de juego capitalista
el futuro será innegablemente más inhumano aún.
Si es que anhelamos un mundo justo y fraterno es necesario abolir
las viejas ataduras que aún nos subyugan. Por tanto no
requerimos de gobernantes, ni de la telaraña legal, ni
amos imperiales o alucinados caciques e hijos de caciques locales,
ni consensos de Washington, cartas de intención del FMI,
Acuerdo Nacional, programa económico liberal, sistema
capitalista ni principio de autoridad.
El pueblo no necesita del floro demagógico ni de la
inversión de capitales, tan pregonada siempre por los
liberticidas liberales y ahora , por Alan "Frontón"
García (anti-imperíalista constructivo según
él; y travestí de la política según
nosotros). Tampoco necesita de ALCA, TLC, asamblea constituyente,
bicameralidad, sermones dominicales del espanta pájaros
del Opus Dei, clases de gobernabilidad bufalesca, ni necesita
a la abogada del Jockey Plaza ni al repugnante y nauseabundo
sujeto que "sí cumple" (los mandatos de sus
amos imperiales japoneses) ni al soldado de plomo de Antauro
Igor Húmala Tasso (vil furgón de cola del fujimorasco).
Necesitamos voluntad y organización para decidir por
nosotros mismos nuestras vidas, tomar libremente acuerdos en
asambleas y luchar cotidianamente por transformar radicalmente
esta lacerante realidad concreta. Para ello es justo y necesario
realizar una magna obra constructiva de redención humana
mediante la revolución social, "O esclavos o libres"
afirmó Max Stirner. La decisión es nuestra. Hagamos
que la justicia y la libertad sean el objetivo nuestro de cada
día. La respuesta a nuestros problemas está en
la acción social por el cambio social; es decir, cambio
del sistema económico que impone beneficio para pocos
y penurias para las mayorías: una economía para
beneficiar a la sociedad entera debe estar en manos de la sociedad
entera.