
“Decir anarquía es decir
revolución”
M. G. Prada. |
Quienes editamos La Protesta somos anarquistas
(o ácratas) y queremos la ANARQUÍA, entendida como
la desaparición del Gobierno, el Estado, el Capital/trabajo
asalariado, las fronteras “nacionales”, la alienación
religiosa y toda otra forma de dominación social, política,
económica y mental de unos/unas sobre otros/otras en las
múltiples formas(tanto “modernas” y capitalistas
como “pre-modernas”) que a esta pueda dársele,
lo mismo que todo “orden” que, pretendiéndose
único, estático, omnimodo e invariable, esté
(o quiera estar) por encima de la fundamentalmente heterogénea
y cambiante voluntad de los individuos.
En concordancia con esto, buscamos crear las condiciones materiales,
emotivas e intelectuales necesarias para la libre asociación
de hombres y mujeres libres, individuos que, administrando en
común los medios de producción y distribución
de la riqueza social, sepan organizar su vida del mejor modo y
hagan posible el desarrollo pleno de sus múltiples potencialidades,
estando así en condiciones de defender individual y colectivamente
su propia autonomía sin tener para ello que recurrir a
instancia heterónoma alguna (llámese Ley, Autoridad,
Moral o la que fuera).
En este sentido- y si bien reconocemos el valor de las practicas
de participación asamblearia en lo que puedan contribuir
a la formación colectiva de aquella cultura política
necesaria para la conquista de la libertad-, rechazamos fijarnos
como objetivo la democracia (así se adjetive”
verdadera”, “radical” o “popular”)
por cuanto ella supone la preservacion-incluso en sus formas no
capitalistas- de la representación y/o de la dominación
(cratos = autoridad, repudiable por los ácratas
así provenga de las mayorías) tanto como la dictadura
(sea la dictadura del dinero, ejercida por la clase burguesa independientemente
de sus formas democrático/ fascistas, o la “dictadura
del proletariado”- equívoca formula marxista de origen
jacobino que, habiéndose usado originalmente para designar
la indoblegable actitud combativa que en el campo de batalla habría
de asumir transitoria e inevitablemente el proletariado en el
proceso de conquista de su propia emancipación, terminó
siendo usada por ciertos seudo “comunistas” (leninistas,
stalinistas, troskistas maoistas, castristas, etc.) para legitimar
la dictadura de su propio partido e iniciar la restauración
del capitalismo en su variante estatal-unipartidaria -, y preferimos
seguir designando con el nombre de ANARQUIA lo mismo “el
movimiento de destrucción del orden(capitalista) actualmente
existente”, el horizonte crítico- utópico
que nos anima y la milenaria tradición teórico-práctica,
política y cultural que, en la vasta amplitud de corrientes
y tendencias que caracterizan al movimiento socialista desde sus
orígenes históricos, nos permite identificarnos
como anarquistas.
Y es precisamente en ésta- en las complementarias figuras
de Bakunin, Fourier y Proudhon, Godwin, Malatesta y Kropotkin,
J. Most, E. Goldman, Arshinov, B. Durruti y G. Prada, M. Stirner
y en muchas otras más, lo mismo que en experiencias como
las de los movimientos leveller y enragé,
la Comuna de Paris, los magnicidios de fines del S. XIX, el levantamiento
de Kronstand, la guerrilla makhnovista , la Revolución
Española de 1936, el Mayo francés de 1968, las movilizaciones
antiglobalización actuales y otras varias- donde reconocemos
una continuidad histórica revolucionaria que, lejos de
ser unilateral y monocorde (e independientemente de las denominaciones
que haya asumido o le hayan sido dadas a los largo de la historia),
nos muestra la amplitud y riqueza irreductibles y una vitalidad
de cuyas eventuales limitaciones y tropiezos la revolución
ha demostrado ser tan capaz de aprender como de sus aciertos y
victorias.
LOS EDITORES