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La apertura inaugural en agosto ultimo de las tuberías
que conducen el gas de Camisea a Lima intento vanamente ocultar
la peor metida de pata que se le recuerde a Toledo de las muchas
que suele cometer cuando, cada 28 de julio, dirige su “mensaje
a la nación”: afirmar –con la hinchazón
y el desparpajo característicos del acomplejado que debe
acabar cada uno de sus discursos con un “que Dios los bendiga”
para así sentirse tan blanco como su patrón Bush
–que, gracias al presunto “chorreo” de la riqueza
que una burguesía beneficiada por la legislación
antilaboral acumulase en lo que va del año, los porcentajes
de pobreza en el Perú han bajado de un 43 a un 40%, por
lo que habrían 420,000 pobres menos o, lo que es lo mismo,
idéntico numero de integrados a la clase media o alta.
Desmentido mas tarde que temprano por el INEI –cuyos brutales
porcentajes de 54% de pobres y 34% de “muy pobres”
(es decir, de gente que no tiene ni para comer, que debe recursearse,
buscar su comida en la basura, robar o sentarse en la vereda a
esperar la muerte) no dejan lugar a dudas acerca de lo criminales
que son “nuestros” políticos y empresarios–,
el Presidente de los S/. 44,000 mensuales no tuvo luego ni siquiera
la decencia de rectificarse, demostrando que, aunque a los trabajadores
no nos “chorrea” la plata (¿dónde se
ha visto que un empresario que impunemente puede ganar mas se
desprenda voluntariamente de la plusvalía para crear empleo?),
a él se le chorrean las babas.
Pero esto no es lo único que chorrea en Palacio. Las
sucesivas denuncias de corrupción referidas a la Primera
Dama y a Cesar Almeyda (caso Blue Bay), lo mismo que a los hermanísimos
Margarita (falsificación de firmas para la inscripción
electoral del partido gubernamental), Luis (beneficiado por el
Ministerio de Agricultura con las tierras del Gran Chaparral),
Pedro (¿ya ven que el retiro de la concesión a la
Telefónica no era tanto por piedad hacia los sufridos usuarios
como por amor al chancho?) y Germán Toledo amenazan con
hundir al régimen mediante una declaración de vacancia
por incapacidad moral que la igualmente pestífera oposición
apro-derechista, habiendo capturado la presidencia del Congreso,
viene cocinando, pero que bien considerada se haría extensiva
a toda la clase política y terminaría con ella engalanando
los faroles de la Plaza Mayor, pero esta vez sin posibilidad alguna
de sucesión. ¿”Que Dios los bendiga”?.