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ENSEÑANZAS DE ILAVE

 

El 26/04/2004 , tras 25 días de inútiles reclamos ante un JNE (cuya estupidez formalista le impedía ejercer su legítimo derecho de revocatoria) y multitudinariamente reiteradas exigencias de renuncia ,la población de Ilave (Puno) decidió hacer justicia por sus propias manos y asesinó a su alcalde Cirilo Robles (de Patria Roja, para variar), quien insistía en mantenerse como autoridad y difamar a sus críticos pese que a que días antes había sido expulsado de la comunidad por haber incumplido por la construcción del Puente Viejo sobre el río Ilave, no haber terminado la construcción de la carretera Amaso-Cruz (vieja reivindicación ilaveña) y haber incurrido, presumiblemente , en los delitos de peculado y malversación. La policía – que, habiendo recibido ordenes de disparar, debió replegarse ante la “turba desatada” – no reapareció en escena hasta el día siguiente, cuando 250 efectivos armados hasta los dientes enviados por Fernando Rospigliosi (entonces Ministro del Interior) hicieron su espectacular ingreso a la ciudad, siendo recibidos “amistosamente” por una población que, aunque temerosa de volver a convertirse en víctima de una carnicería como la allí mismo consumada bajo la segunda administración del demócrata Pierola – y sin ninguna posibilidad de respuesta equiparable -, no cesó en ningún momento de gritar “¡EL PUEBLO, UNIDO, JAMÁS SERÁ VENCIDO!”.

 

Habiendo logrado que algunos amedrentados lugareños firmaran bajo amenaza un írrito compromiso con la “comisión de alto nivel “ enviada por el gobierno, las fuerzas de ocupación convocaron de inmediato a elecciones para acabar con el peligrosísimo “vacío de poder” (es decir, con el poder popular ) existente, a lo que la población se opuso hasta que, ante la amenaza de serles impuestos “representantes“ enviados desde Lima, se vio en la situación de tener que elegir como reemplazo del finado nada menos que al teniente alcalde Sandoval, acérrimo crítico de Robles y denunciado por sus allegados como instigador y partícipe de linchamiento (al gobierno le convendrá siempre vender la idea del “mal elemento”arrastrando tras de sí a una población sin voluntad propia antes que aceptar la legítima insurgencia de una colectividad consistente y furiosa). Pocos días después – y temeroso de que el pueblo se saliese con la suya –, el gobierno hizo detener a Sandoval y a otros acusados y los condujo a prisión, lo que dio lugar tira y afloja entre la población y la ONPE (Oficina Nacional de Procesos Electorales) que aún no termina1.

Sin que la cosas, pues, hayan acabado de retornar a la “normalidad” burguesa – para que tal ocurriese , el pueblo tendría que haber acabado que convertirse en canalla –, pero presos ya que ellos que el Estado , cámara en mano (¡gracias , profesionales de la delación periodística!) , decidieran arbitrariamente considerar “culpables ” , resulta indispensable extraer, a cuatro meses de acaecidos los hechos , las lecciones necesarias.

1.- ¿Compresión? No esperar peras del olmo. . .

Más que el linchamiento mismo (ya producido años antes en Huayanay, y cada fin de semana en aquellos asentamientos humanos a los que la policía llega “para hacer cumplir la ley” cuando el pueblo ya ha hecho justicia con el criminal), sorprende la absoluta incomprensión de los hechos por la prensa y la clase política y la resuelta, casi orgullosa decisión de conservar intacta su ignorancia. En las semanas que siguieron a los hechos fue frecuente oír a nuestros “intelectuales” refiriéndose a ellos con definiciones tales como “barbarie”, “ley de la selva”,”asesinato ritual multitudinario”, “asamblea siniestra” y otras expresiones de abierta connotación racista, no faltando quien, en el colmo del histerismo, hablase de “regidores quemados vivos”. El presiente Toledo definió aquellos como “actos impropias de una sociedad civilizada” (¿y las porquerías de su parentela que son?), oponiendo su concepto de democracia (“democracia es orden y disciplina”) a la práctica extra-electoral del pueblo insumiso, verdadero terror de los políticos de oficio y beneficio. Esta ha de resignarse a existir, entonces dignificada por la incomprensión de sus enemigos y de quienes les hacen el juego.

"Donde todavía hay pueblo, éste no comprende al Estado y lo odia considerádolo mal de ojo y pecado contra las costumbres y los derechos (...)
Allí donde acaba el Estado, comienza el hombre que no es superfluo: allí comienza la canción del necesario, la melodía única e insustituible."

Friedrich Nietzche, Así habló Zaratrustra

2.-¿Quiénes tienen sed de sangre ?

Si en un punto coincidieron todos lo politicastros del Congreso y fuera suyo fue en la “necesidad” de reprimir al pueblo de Ilave o, cuando menos, de buscar y castigar a los “responsables” y “culpables” de hechos considerados por todos ellos como condenables para así lavar la afrenta hecha a su infame “estado de derecho”y restablecer el maldito “principio de autoridad”. Entre éstos chacales sedientos de sangre destacaron Antero Flores Araoz (UN) – con su “Toleramos errores en la acción, no en la omisión ” (es decir, “preferimos una masacre de campesinos a que las autoridades se evidencien como indeseables e innecesarias”, aún habiendo sido elegidas por obligación) - ; la geisha “Pepe” Barba Caballero (UN), otrora cómplice de los genocidios fujimoristas- quién, aunque admitía que intentar reprimir a “12.000 campesinos embrutecidos por la coca y el alcohol ”(sic) hubiera producido una masacre, tachó de “concesivo” y “débil” al gobierno , seguro de que “sin orden y respeto a la autoridad no hay civilización” (sic) y que “cuando las turbas imponen su voluntad (en su democracia solo pueden hacerlo canallas como él y Rafael Rey) estamos entrando en el negro mundo de la anarquía , lo peor que nos puede pasar”-, el asqueroso Gustavo Pacheco (FIM/PP)- quien , habiéndose negado acompañar al prefecto de Puno a Ilave (“esa no es mi función . . .”), tuvo la concha de culparlo de lo sucedido y exigir su destitución por no haber puesto “mano dura” (= bala) desde el comienzo para evitar “el caos , la anarquía, el desorden”, no teniendo empacho en abrazarse con el aprista Mulder para votar la destitución de Rospigliosi por “débil” (2) -; la bufalada en pleno y Alan García, quien, al borde del desmayo (“¡Ya estamos en la anarquía!”), no dudó en culpar de todo a Toledo y solicitar (a través de su títere Jorge del Castillo) la declaratoria del “Estado de emergencia” a la vez que – cual Judas moderno – manifestaba “apoyar” (¿?) a los lugareños; Antauro Humala, quien luego de haber reprimido campesinos bajo el seudónimo de “Corpus” durante la guerra interna – y habiendo inicialmente responsabilizado del “problema” a la “ausencia del Estado” en la zona al mismo tiempo que lamentaba la inacción de los soldados del batallón 59 (“debieron de haber actuado sin esperar ordenes ”) - , buscó vestir de glorias ajenas su panetón ideológico y presentar los sucesos de Ilave como un “pachacuti” etnocacerista; finalmente Fabiola Morales, Jacques Rodrich e incluso los payasos Valdéz, Mufarech y la misma Paulina Arpasi, todos los cuales votaron la salida de Rospigliosi ( luego rehabilitado como “prudente” por la comisión investigadora ad hoc formada en el Congreso).

Advertidos estamos, pues , del buen corazón de aquellos a quienes se enfrenta el pueblo en su lucha justiciera : a cuidarse de tratarlos como no se lo merecen

3.- “¡Dirigentes somos todos!”

Una vez calmadas las aguas y desmovilizado el levantamiento por las propias necesidades de la vida económica y social, el Estado – aprovechándose de la dispersión acentuada por el comprensible temor a las represalias del terrorismo judicial – hizo apresar cobardemente a los dirigentes comunales por las tropas del oficial PN Tejada (a) “¡Sácame a los dirigentes!” con ayuda de las imágenes captadas por un video-aficionado y sin las cuales se hubiese encontrado una y otra vez con la respuesta “¡DIRIGENTES SOMOS TODOS!”, salvo testimonio de los agredidos. Otro tanto había pasado cuando, recién llegados a Ilave y ante el compacto silencio de los pobladores, las autoridades gubernamentales no supieron con cuales de los 12,000 ”culpables” parlamentar para iniciar el proceso de individualización de “responsabilidades“. Hay aquí una doble lección a extraer: mantener ante las autoridades la obstinación del silencio, en primer lugar, y – en previsión del contragolpe legal – prolongar y extender el levantamiento tanto como sea posible para así retardar y entorpecer la venganza de la estúpida judicialería, incapaz de entender los desbordes del pueblo en otros términos que los de “culpa / castigo”

4.- El fuego en la pradera (¡Uno, dos, mil Ilaves!)

Tras el linchamiento del alcalde de Ilave se produjo un “efecto Ilave” de sucesivos levantamientos comunales con vocación revocatoria dirigidos contra alcaldes distritales prepotentes o corruptos cuyas consecuencias y ecos se extienden aún hasta el presente. Así sucedió por ejemplo, con Estuardo Díaz Delgado , alcalde del Santa que -pese a estar suspendido en funciones por JNE – debió ser sacado a rastras del municipio por el pueblo chimbotano; con los cinco regidores tomados de rehenes en San Pedro de Moho (Tilani , Puno) por una población que, exigiendo la vacancia del alcalde por malversación de fondos, no dudó en enfrentarse a la policía ; con el alcalde Ayaviri (ex PUM y luego fujimorista), echado por malos manejos de recursos públicos y nepotismo, y, más recientemente, en Cotabambas y Jicamarca (aunque en estos casos contra la amenaza al medioambiente representa la concesión de sus tierras a una empresa minera y contra un grupete de ladrones finalmente rescatados-bajo una lluvia de piedras- por la policía ), etc. En todos éstos y otros muchos casos registrados incluso en lugares tan lejanos de los acontecimientos “chispa” como Trompeteros, Iquitos o en Bolivia, las autoridades cuestionadas debieron de aceptar ser “renunciados” , huir disfrazados de policías o pedir garantías para su vida en Lima, temerosas de acabar linchados como los vulgares delincuentes que en más en de un caso eran (otro de los efectos del “acontecimiento Ilave”).La indignación moral del pueblo, en lo sucesivo, debiera orientarse también contra otras esferas más altas del gobierno: presidentes regionales (¡habla , Miguel Ángel Mufarech de la Región Lima!), congresistas, ministros, el mismo Presidente, todos tienen “rabo de paja” y el pueblo debe pensar maneras de revocarlos definitivamente a expensas de las “multitudes portátiles” o la matonería bufalesca que se pudiera atrever a lanzar en contra suya. En la medida que los acontecimientos se extiendan (un buen ejemplo de moral y heroísmo siempre resulta motivador), aun partiendo de reivindicaciones tan simples como el rechazo al pago del impuesto predial o del DNI, el éxito de la revuelta estará garantizado.Las tímidas denuncias son siempre insuficientes, así se pasen por TV: ya ven la “reacción termidoriana” de la derecha peruana a la caída de su pelele Fujimori. . .


DEMASIADAS VECES EL TERROR NACE DEL PREJUICIO Y NO DE LA VIRTUD

5.- ¿“Precipitación a la anarquía”?

Independientemente de los mezquinos intereses partidarios en juego (Robles era de Patria Roja, Sandoval era de Puka Llacta) y de los intentos de manipulación política (amenazas de multa,“apoyos desinteresados”,etc) y económica (los ganaderos locales deseaban ser incorporados al mercado nacional con precios mas altos para la lana), los acontecimientos de Ilave poseen una connotación fundamentalmente anárquica: se generaron como una respuesta contra el poder y su impune ejercicio. Contra la afirmación de la social democracia en IDL según la que “no se puede tomar la justicia en las propias manos”(3), Ilave demostró que si se podía y se debía de hacerlo y no solo por falencias ajenas (incompetencia del JNE, ausencia de la policía, etc.), sino por principio y respeto a uno mismo, así sea pasando sobre el “principio de autoridad” y el armatoste formal “democrático” (no confundir esto con el lumpenesco pragmatismo fujimorista, de muy distintos propósitos).

La clase política peruana, presta a llamar “bárbara” a la indiada que en afán justiciero mata a uno, pero silente cómplice de las genocidas FF.AA. peruanas y de los “civilizados” bombardeos yanquis que en Ayacucho y Faluya sembraron de miles de cadáveres las calles y los campos, no es capaz de soportar la idea de que el pueblo no los necesite y, siendo conciente ello, cese de invocar su “representación”. Tras años de trabajar por arruinarlo moral y materialmente, teme que el pueblo –despreocupándose de ser “peruano” o “boliviano”– haga justicia por sus propias manos con quienes lo engañan y estafan, pues lee en estos actos de justicia la promesa de su propio e inevitable final. Y otro tanto podemos decir de los jueces y de todos aquellos personajillos que componen el Estado peruano.

Pero, en realidad, hechos como los de Ilave no son para los oprimidos tanto “consecuencia nefasta” de algo como posibilidad de solución y concreción efectiva de una justicia popular que, en su practica misma (y gracias a la elevación intelectual y moral de la conciencia publica que la socialización de la producción y la completa desaparición de la corrupta influencia gubernamental harán posible), deberá de superar y subsanar lo que de innecesariamente drástico e impreciso pudiera haber en ella, aprendiendo a distinguir los matices y a educar la prudencia en el otorgamiento de las sanciones que la precariedad de sus condiciones de existencia y el prejuicio hoy en día dificultan, especialmente en las ciudades (4).

Con todo y ello, la decisión última de lo por hacer no debería de retornar nunca a manos de cretinos del pestilente Poder Judicial, deformarnos desde jóvenes por el aprendizaje universitario de cómo defender lo indefendible y ganar casos con los solos recursos de la retórica y el soborno. Otro tanto respecto de las delegaturas: frente a una “democracia” representativa capitalista gracias a la que cualquier aventurero y charlatán lo suficiente ambicioso puede ser elegido por la accidental suma de “individuos” atomizados y agrupados en clases enfrentadas para defender impunemente los intereses de tal o cual sector de la burguesía, Ilave levantó –al menos por un momento- el comunitarismo aymara de quienes, siendo participes de la misma actividad económica y conociéndose, comparten intereses comunes y asumen responsablemente los encargos específicos (poder) de los que se los hace depositarios sin sucumbir a la lógica del “coge lo que puedas y sálvate” que la miseria moral resultante de la barbarie capitalista convierte en lugar común; prefiguró de este modo, cuando menos en algún aspecto y con las depuraciones del caso, el mundo por que luchamos. Si a todo esto quieren ustedes llamarlo “anarquía”, pues perfecto: recogemos el guante y respondemos preferirla mil veces a su estúpido orden “civilizado”.

¡Kausachum Ilave!
¡Dar contenido a la ira y tomar la justicia en nuestras propias manos: esa es nuestra anarquía!


Notas:

1. A comienzos de agosto del 2004 el pueblo de Ilave a un repudiaba el calendario electoral de la ONPE y los “compromisos” hechos firmar manu militari por el gobierno, exigiendo a la vez la liberación de sus presos.[subir]
2. Pese a que, poco antes, la brutal represión policial por ordenada en Pucalá había costado la vida de 2 trabajadores y dejado herido a varios. En verdad, se trataba de sacar a un ministro a quien sus enfrentamiento con jueces coimeros habían hecho más “popular” de lo que oposición aprista y los desplazados “Perú-posibilistas” (FIM incluido) podrían tolerar. [subir]
3. ¿Cuál era, entonces, su idea de “socialismo”? ¿Cómo creían-cuando creían en él-que iban a construirlo? ¿Por decreto y con lavado de banderas en agua de rosas? [subir]
4. La descripción que en “Ushanan-jampi” (Cuentos andinos, 1920) hace el magistrado chiclayano Enrique López Albújar de “la implacable justicia de los yayas” adolece de una rigidez (probablemente debida a la influencia de la seudo científica criminalística lombrosiana), que alcanza escandalosos ribetes de reduccionismo racista en Matalaché (1928). Como diría Sánchez, el despacho de un juez nunca ha sido buena escuela para conocer una raza o clase social... y tampoco el cuartel, añadimos. Que el último numero de Ollanta pase por alto esto nos da una clara muestra de qué tan “auténticas” son la fuentes en las que el Sr. Humala nutre su “etno-nacionalismo” [subir]

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