¿Cómo se vinculó al movimiento obrero?
Tuve vinculación con él desde 1914, a raíz
de la crisis provocada por la Primera Guerra Mundial. Hubo una
tremenda crisis en todos los órdenes aquí en Lima
y los obreros no encontrábamos trabajo, la gente no encontraba
alimentos; llegó a darse comida a la gente en los cuarteles,
en conventos. Esta situación le hizo buscar la manera de
organizarse, de protestar. En esta forma fue que una vez asistí
a una reunión de los zapateros. Ahí fue cuando ingresé
al movimiento, porque mi padre había sido miembro de la
Confederación de Artesanos y había descubierto que
eran todos unos sinvergüenzas, unos politiqueros, unos arribistas,
y tuvo luchas con todos ellos… Así que cuando oí
que se trataba de agruparse para ir a la Confederación
de Artesanos me levanté y dije que no podía ser
eso. Dije que, ya que nos reuníamos los zapateros, debíamos
los mismos zapateros fundar un organismo sólo para defender
nuestros ideales, sin la intervención de gentes que eran
conocidas por su trayectoria. Los anarquistas ya habían
trabajado aquí en el Perú bastante; había
venido alemanes, argentinos, españoles; ya había
una especie de infiltración ¿no? Los propagandistas
estos buscaban todas las oportunidades para ingresar al movimiento
obrero. En cuanto oyeron mi proposición, ¡ufff!,
se les fue, pues…la aplaudieron, la apoyaron, dijeron que
era eso lo que había que hacer.
Total, se armó el lío con los de la Confederación,
pero la oratoria de esos hombres (los anarquistas) convenció
a todos los presentes. Influyeron para que se organizara un sindicato.
Allí nadie sabía lo que era un sindicato…que
esa era la forma moderna de organización obrera y era la
única que respaldaba los intereses de los trabajadores,
que aquí, que allá. Total que se acordó formar
el sindicato. Entonces ahí mismo me propusieron a mí
como secretario general. Y ese fue el primer sindicato revolucionario
que se fundó en el Perú.
¿Usted llegó a ser miembro del grupo “La
Protesta”?
Bueno, eso que le dije fue como hoy en la noche. Al otro día
yo estaba trabajando en mi taller, trabajábamos entre varios
en un cuarto de un callejón, y en la mañana cayeron
Montani y (Nicolás) Gutarra, que los había designado
el grupo La Protesta para adoctrinarme. De ahí comenzó
el asunto, pues. Ya conversé con ellos, ya compre libros,
ya recurrí a todas las reuniones, ya me inscribí.
¿Había alguna librería del grupo?
En esa época había libertad de venta de libros.
Uno podía comprar libros que se refirieran a cuestiones
sociales sin la menor restricción. Leíamos a Faure,
a Malato, a (Errico) Malatesta, a Anselmo Lorenzo, en fin, a todos
los de esa época. A Eliseo Reclús. Andábamos
haciendo lo posible por enterarnos de la cosas y eso, pues, iba
formando gente, iba formando dirigentes.
Los obreros zapateros hicieron una campaña tremenda en
su sindicato. Lo primero que hicimos fue tratar de fundar más
sindicatos. El segundo en organizarse fue el de albañiles,
cuyo secretario general fue Emilio Rojas. Después vino
el de sastres.
Bueno, el caso es que se fundaron varios sindicatos. Por aquí,
por allá. Se hacia propaganda, se hacia mítines,
es decir, había una efervescencia tremenda por la organización
obrera.
¿Cuál fue su participación en el
paro final de las ocho horas?
Es decir, el paro de las ocho horas se preparó por distintos
organismos. Esa lucha por las ocho horas es muy antigua. Y en
otros sitios comenzó mucho antes que en Lima. En Talara
hubo movimientos. Después en el Callao, en 1913, se conseguía
las ocho horas de trabajo. Aquí en Lima no se pudo conseguir
porque vinieron politiqueros. Así que en todas partes se
hablaba de las ocho horas. Por aquí, por allá. Había
lo que se llamaba la Federación Obrera Local. El hecho
es que en la FOL tuvieron mucha intervención Julio Portocarrero,
otro de Vitarte, y muchos otros. Dirigentes había en esa
época tremendos. Y todos estábamos imbuidos por
los mismos propósitos.Al final se decretó el Paro
General como última cuestión para las ocho horas
de trabajo. Entonces se reunió a la gente en el parque
de los Garifos.
¿Don Carlos Barba, creo que me contó una
vez que en el momento del paro estuvo detenido?
Exacto. En el cuartel de Santa Catalina; de allí salíamos
a las seis de la tarde. Y llegué… Bueno, habíamos
tomado el acuerdo que ese día, aprovechando la concurrencia
de muchos delegados y de muchas organizaciones que antes nunca
habían venido a Lima, sobre todo campesinos, se fundara
un organismo de la clase trabajadora. Y cuando llegué y
supe de la intervención de Haya De La Torre y los otros
delegados estudiantiles que habían estado allí,
me molesté bastante; ahí fue cuando fui a buscar
a Haya De La Torre y lo interpelé en la Federación
de Estudiantes. El me dijo; “No. Esto se puede hacer”.
“Pero oiga Ud., le dije, ¿cuando vamos a poder reunir
de nuevo de nuevo a estos delegados? Se ha perdido el momento
preciso de hacer esto”. Total que el señor Haya De
La Torre desvirtuó este movimiento. Dentro del movimiento
lo que me han contado, porque la asamblea la presidió Gutarra,
es que habían reunido a las fuerzas policiales y del ejército,
cañones, ametralladoras y cuanto hay en el Parque Neptuno.
Nos tenían un miedo tremendo. Y entonces el ministro Augusto
Vinelli mando pedir una comisión para conferenciar sobre
la petición de los obreros. Se nombró una comisión
y ninguno quería ir. Tenían temor, porque estaban
las tropas rodeando. Entonces alguien dijo que deberían
ir los estudiantes. Allí había ido Haya De La Torre,
Bruno Bueno De La Fuente y Valentín Quesada. Dijeron que
la fuerza no se atrevería a abusar con ellos; ese fue el
motivo de la intervención de Haya De La Torre. De ahí
es donde viene la famosa figura que (los apristas) quieran dar,
de que el tiene algo que ver con las organización de la
lucha de las ocho horas. El no tuvo nada que ver con esto. Eso
fue hecho por los trabajadores, por los dirigentes obreros y por
los agitadores que les llamaban en esa época “los
del Grupo La Protesta” y todas esas cosas; esos fueron los
que hicieron la jornada de las ocho horas, no el Sr. Haya De La
Torre.
¿Cuál fue su participación en el
famoso paro de las subsistencias?
Ya eso es otra cosa. Con motivo de la impresión que causó
el paro de las ocho horas quedó latente en el ánimo
de los obreros la idea de que la organización de los trabajadores
podía conseguir algunas cosas efectivas. Entonces nos reunimos
delegados de todos los organismos. Me acuerdo que la reunión
se llevó a cabo en el local de una “Sociedad Trece
Amigos” que había en el Jr. Sandia. Ahí se
organizo el famoso “Comité Pro-Abaratamiento de las
subsistencias”. Yo resulté elegido Secretario General
del comité. Y ahí empezó la lucha tremenda.
Ese Comité es el que mayor importancia ha tenido aquí
dentro de las luchas obreras.
La actividad terminó con el paro general del 27 de mayo
de 1919. Nosotros perseguíamos la rebaja de las subsistencias;
del inquilinato, un montón de cosas. Llegamos a tener una
importancia enorme. Incluso había una Cámara de
Propietarios, y teníamos conversaciones con ellos. A mi
me llamaban y querían influenciarme. Tenían miedo,
tenían temor, porque aquí no habían visto
una organización obrera con ese temple y tenacidad como
la que se formó en esa época. Nosotros nombramos
comisiones para todo Lima, nos íbamos de callejón
en callejón. Traíamos una mesa, luego una lata,
ta-ta, todo el mundo se venia, y ahí les hacíamos
propaganda. Y así fue como llegó a ser un movimiento
tremendo, que culminó en el paro general. Después
hicimos el mitin del hambre en la Alameda de los Descalzos, después
otro mitin en lo que ahora es la Plaza San Martín. En fin,
en todas partes hacíamos movimientos. La efervescencia
era terrible. El Estado creía que nos íbamos a apoderar
del Gobierno, ¡ufff!. Las madres decían: “Ahí
viene Gutarra y Barba, escóndanse”. “Nos van
a comer”. Así hacían esa propaganda. Gutarra
tenía una oratoria que influía en la gente de manera
tremenda; lo seguían. No era muy dialéctica, pero
si tenia poder de sugestión. ¿Sabes lo que hizo
en el Teatro Principal de esa época, el que ahora es el
Segura? El mismo día que se fundaba en la sociedad Los
Hijos del Sol, en la Penitenciaria, el Partido Socialista, al
que yo concurrí como delegado del Comité Pro Abaratamiento
–era un Primero de Mayo -, mandé a Gutarra,lo envié
al Teatro Principal. José Carlos Bernales quería
fundar allí un Partido Obrero con todos los obreros amarillos
de esa época, los que no estaban con nosotros. Todavía
le digo a Gutarra cuando estábamos en Los Hijos del Sol:”Oye,
¿tu no vas a ir allá?”. “No-me dijo-¿Quién
va a ir donde esa gente?”. “No, le dije, tienes que
cumplir”. En un papel le hice su credencial y se fué.
Cuando lo vieron ahí a Gutarra ya estaba todo preparado,
estaban los dirigentes para formar el Partido Obrero y para designar
candidato a la Presidencia de la republica al Sr. José
Carlos Bernales. Cuando vieron a Gutarra no lo quisieron dejar
hablar. El público se dio cuenta y empezó a pedir:”
¡Qué hable Gutarra!”. Y Gutarra con la papeleta
que yo le había dado, que pedía hablar como “representante
del Comité Pro-abaratamiento de las Subsistencias, representante
verdadero de la clase trabajadora”. Total: tuvieron que
hacerlo subir. Una vez que estuvo arriba les dijo el sol por salir
y la luna por ocultarse, a cada uno lo desnudó. Que eran
unos traidores, unos vendidos.”¡Aquí no deben
de estar trabajadores!!!”, dijo. Nosotros habíamos
convocado la Central del Movimiento Primero de Mayo esa vez en
el local de la Federación de Estudiantes, en el Palacio
de la Exposición. Estábamos allí reunidos.
Eso estaba lleno de gente. Cuando en eso se forma una batahola
de los mil demonios ¿Qué cosa era?. Gutarra, que
había hecho salir a toda la gente del teatro. En hombros
se lo llevaron hasta la Federación de Estudiantes.
Don Carlos Barba, ¿hubo en el comité algunos
contactos con los sectores llamados “radicales” de
Leguiísmo?
Cuando yo estaba dirigiendo el movimiento obrero vino donde
mi un tal Durán a ofrecerme armas para los obreros, para
hacer un movimiento a favor de Leguía. “¡No!,
le dije, este movimiento no tiene nada que ver con la política
burguesa. Nosotros los anarcosindicalistas somos antipolíticos.
Nosotros no creemos que la política burguesa pueda resolver
los problemas del país, sino la fuerza organizada de los
obreros (el sindicato)”.
¿Qué imagen puede darnos de los luchadores
de esa época?
Principiaremos con Delfín Lévano. Para mi ha sido
el obrero mejor preparado que ha tenido el Perú. Este hombre
tenía una serie de facultades: él era filósofo,
pensador, didáctico, propagandista, músico. Era
una hormiga trabajando. Escribía en “La Protesta”
(periódico anarquista). Y escribía piezas de teatro,
música. Tuvimos un Teatro Popular, inclusive tuvimos un
coro, que se llamaba el Coro Sindicalista, que en todos los organismos,
en todas las actuaciones obreras cantaba “Hijo del pueblo”,
“La Internacional”; él era el alma mater de
ese asunto y lo era por ser el principal dirigente del grupo “La
Protesta” (organización obrera anarquista), y (porque)
en este grupo estaba reunido todo el poder, todo el substratum
de las cosas que se hacían dentro de la clase trabajadora.
De ella salían todas las direcciones, se tomaban todos
los acuerdos y se mandaban todas las comisiones. Todo el movimiento
que se gestaba entre los trabajadores salía del grupo “La
Protesta”. Habían otros: el grupo “Luz y Amor”,
en el Callao, de Emilio Costilla Larrea Toribio Sierra. Los de
“La Protesta” nos reuníamos en “La Capilla”
(Mapiri Nº 320, int. 31). Bueno, todo lo que se puede decir
de Delfín para mí es poco todavía. Los obreros
peruanos les debemos mucho. Ahora la figura de Gutarra. Era un
joven inquieto. Autodidácta. Pero tenía tan gran
poder captación y convencimiento, que generalmente decía
la última palabra en todas las cuestiones. Era valiente,
arrojado, inteligente. Gutarra era ebanista. Enseguida tenemos
a Montani. Era un hombre reposado. Muy buen orador. De palabras
de peso. Lo mismo Pedro Cisneros, un viejo que daba conferencias,
escribía opúsculos. No era un luchador de esos que
iban a las asambleas, que gritaba o que salía, como salíamos
todos, a luchar contra la policía, contra los gendarmes
o contra lo que sea. Alberto Fonken era tejedor. Era miembro del
grupo “La Protesta” y dentro de él tenía
a su cargo generalmente la cuestión contable. No era contador.
Después había un Pedro Ulloa, uno de los mejores.
Luego estaba Aquino. Era tremendo. Lo mandábamos a repartir
volantes, de esos en que se hablaba de revolución, y cuando
lo agarraba la policía, decía: “son pues programa
del cenema, que me lo han dao pa reparter”. “! So
pedazo de bruto, no ves que esto es…”, y no le hacían
caso. Una vez teníamos que enviar una comisión al
Callao. Y no había como llevarla. Todo estaba rodeado de
tropas ¿Qué hacemos?; A Aquino lo mandamos. Un tipo
todo roto, por las chacras. Nadie le hizo caso. Y el llevaba todos
los papeles. La policía lo veía pasar y no le hacía
caso. En la lucha hay que recurrir a una serie de recursos. Por
ejemplo, nosotros nos reuníamos y decidíamos: la
reunión va a ser en tal sitio, pero ese no era el sitio.
Y cuando iba llegando gente la íbamos enviando al sitio
real, en voz baja. Otro gran luchador fue Manuel Caracciolo Lévano,
el padre de Delfín. Tenia gran atracción entre la
clase obrera. También Eulogio Otazu, de construcción
civil.
¿Cómo se enfrentaron ustedes a los sablazos,
a la represión?
El estado de ánimo de los trabajadores era bien elevado
en esa época. Cuando se convocaba a un mitin, una manifestación
o lo que sea, iban decididos a todo. Nos agarrábamos con
los “pinchasapos”, como les llamábamos. Con
los gendarmes con sus sables; no les teníamos miedo. Desempedrábamos
las calles y los agarrábamos a pedradas. Por eso nos temían
tanto. La policía tenía una lista con los nombres
de Gutarra, Barba, Fonkén, Lévano, Montani, etc.
Así que cuando había un movimiento, alguna huelga,
ahí mismo mandaban a apresar a todos esos. Lo mejor es
que nosotros nos escondíamos. Cuando se dio el paro de
las subsistencias a mi me torturaron. El famoso Montes de Oca
quería yo que diera la orden para levantar el paro. Montes
de Oca, para asustarme, puso a cuatro guardias con sus fusiles.
“¡Disparen, les dije, pues! ¡Yo no les tengo
miedo!”. La venganza fue ponerme calato y tirarme baldes
de agua a las cuatro de la mañana. Y a las seis de la mañana,
que estaba ya Lima que parecía un castillo de balas y de
saqueos, incendios y cuanto hay, me sacaron del cuartel como a
enfermo, tiritando, y me llevaron a la cárcel de Guadalupe,
donde estaban otros compañeros, entre ellos Gutarra.
¿Qué cambio cree que ha experimentado la
clase obrera desde la época de las ocho horas hasta hoy?
El cambio es tremendo, por que en esa época los obreros
nos organizábamos, nos defendíamos teniendo en cuenta
solo el interés de los trabajadores, de acuerdo con los
principios del anarcosindicalismo. Así que nosotros no
teníamos nada que ver con cuestiones de los partidos políticos
y entonces no podía haber división entre los obreros.
Hoy día no hay movimiento obrero, no tienen un norte, no
tiene una guía, uno va por aquí, otro quiere llevarlo
por allá. Precisamente el sindicalismo se estableció
para evitar estas diferencias entre los trabajadores y crear un
sistema de organización en la cual puedan estar todos juntos,
haciendo caso omiso de diferencias ideológicas y de toda
naturaleza, y para solucionar nuestros problemas por medio de
la acción directa, la huelga, el boicot, los mítines
y la revolución social, que seria el ultimo eslabón.
¿Qué consejos les daría a los dirigentes
sindicales jóvenes?
Que dejaran la política, que trataran de que el movimiento
obrero sirviera simplemente par resolver los problemas, necesidades
y objetivos de los obreros.